Cómo reencontrarte con tu niño interior

Como reencontrarte on tu niño interior

Cuántas veces habrás escuchado esto de » Conectar con tu niña/o interior». Seguro que un montón. Aunque tal vez, eres de las personas que no sabes a qué se refiere esta expresión o si quizás no te acuerdas muy bien de todo lo que ello quiere decir. Para un caso u otro, aquí va este post para ayudarte a saberlo o para refrescarte la memoria y que tengas totalmente claro que es y a que temas relacionamos esto del «niño interior. Voy a explicarte Cómo reencontrarte con tu niño interior.

 

¿Qué es el niño interior?

Creo que es importante empezar por este punto para después ayudarte y que sepas Cómo reencontrarte con tu niño interior.

El niño interior es la imagen o metáfora que usamos para conectar con aquella parte de nuestra persona que es vital, con nuestra esencia. Se le llama niño interior porque los niños son naturales, viven el presente sin anclajes al pasado ni al futuro, se sienten completos, disfrutan del momento. Ese niño o niña interior cuando somos adultos sigue apareciendo pero las experiencias vividas de cada persona, pueden hacer que aparezca con mayor o menor frecuencia. Además de que a medida que crecemos tenemos más responsabilidades, más tendencia a crear proyectos de futuro y también de mirar hacia atrás, hacia lo acontecido y el camino recorrido. Echando cada vez más de menos a esa niña o niño que era feliz viviendo su día a día sin más pretensiones que esa.

Es decir, aunque sea paradójico, de adulto, echas de menos a tú yo: niña o niño. De pequeña te sentías suficiente y completa y de mayor, te sientes una persona incompleta, te falta siempre algo. No estás a gusto contigo misma/ o. Y esto, hay personas que lo pueden gestionar o que lo aprenden a gestionar con sus propios medios o con ayuda profesional. Otras, en cambio no encuentran la manera de lograrlo gestionar por medios propios porque tampoco saben exactamente que les pasa.

«He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño». Joseph Heller.

 

Cómo reencontrarte con tu niño interior

Cada persona tiene en su interior una niña/o interior que puede estar sano o herido si la vida le ha hecho transitar por experiencias que no ha sabido gestionar ni él o ella ni tampoco lo ha sabido hacer su entorno. Claro está que esta herida afecta directamente a la autoestima, haciéndole sin duda, un flaco favor.

Una persona que está en plena infancia quedará marcada por esa herida. Hará que se desconecte de la calma, dejará sus juegos de lado, de vivir tan intensamente el presente y se conectará con miedos que hasta ahora no existían y preocupaciones por lo que pueda ocurrir en su entorno. Tiene ansiedad e intenta que todas las personas que están a su alrededor estén bien, no de manera natural sino protectora, cuidando muchas veces, a la persona o personas que tendrían por edad y responsabilidad que cuidarle a ella o a él. Es decir, esa parte se desarrolla antes de tiempo, crece, se vuelve cada vez más adulta. Se aleja de la alegría que le unía a su niña interior.

Se sentirá desubicado con personas de su edad y con personas adultas. Existe la posibilidad de que en la escuela hayan compañeros o amigos que se mofen de la persona o de que en casa el cariño brille por su ausencia. lo cual puede ser motivo para que la persona se aisle y al mismo tiempo, crezca con esos traumas.

 

 

¿Qué necesito para reencontrarme con mi niño interior herido?

El niño interior de esa persona aún herida, necesita amor, necesita pertenecer a núcleo cercano donde hallar ese cariño que perdió y cree que mucho más que otras personas por la tremenda falta de amor y cariño que tiene en su entorno. La persona crece con esa necesidad y falta de calidez familiar y social.

Esa persona crece buscando y pidiendo validez a otras personas. De manera inconsciente cree que esas personas son las únicas que pueden devolverle su amor propio y no es ahí donde lo reencontrará. Sus traumas y el gran peso que lleva a sus espaldas a nivel emocional los reencontrará si trabaja internamente sus emociones.

«Se contuvo hasta que los sollozos de su niño interior disminuyeron por completo. Te amo, se dijo a sí misma. Todo estará bien». H. Raven Rose.

 

¿Qué puedo hacer a partir de ahora?

Sabes que para alcanzar algo que vitalmente necesitas, no vale solo con desearlo sino que hay que comprometerse a ello para lograrlo y el compromiso requiere trabajo. La meta desde luego es muy positiva: tu bienestar emocional y tu reencuentro con tu niño interior. Bien vale la pena la recompensa, ¿no? reencontrarte y cuidar como se merece a tu autoestima, amor propio, autoconfianza. Pues ahora toca empezar a curar poco a poco tus heridas emocionales que dañaron a tu niño interior.

Te voy a dar algunos consejos para que empieces a trabajar con alguno de ellos, si bien todos son importantes.

  • Intenta verlo, visualizarlo. Este ejercicio donde aplicas el recurso de la imaginación te ayudará a verlo. ¿Verdad que cuándo cierras los ojos puedes ver con mayor claridad momentos de tu vida? Pues hazlo y busca esos momentos de tú «yo» infantil cuando era feliz.
  • Después háblale, dile cosas bonitas, cosas que se sienta bien porque actuó bien. No hizo nada malo. La situación fue mala. Pero tu niño interior intentó hacer todo lo que pudo para conseguir que todo estuviera bien. Hazlo a diario. Es necesario cuidarte a diario.
  • Mímate, cuídate. Deja un espacio de tiempo en el día para tí. Un buen paseo, un baño relajante, un masaje. Es muy importante que lo hagas para relajarte y volver a disfrutar.
  • Vuelve a realizar alguna actividad que de niño hacías. Tal vez cantar, saltar, bailar, pintar, algún deporte … Algo que te empodere y conecte con ese lado de niño que todos necesitamos.
Así recuperarás poco a poco tu niño interior. Notarás que salen más a menudo risas y sonrisas. Que cada vez están menos presentes la tristeza, la rabia, aunque vuelvan, ya no estarán de manera constante. Te sentirás más enérgico, más fuerte y creativo. Bien vale la pena.

 

Cuando honramos los sentimientos de nuestro niño interior, liberamos los dolores emocionales que todavía estamos llevando subconscientemente». Patricia Hope.

 

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