Cómo recordar a un ser querido sin dolor

Cómo recordar a un ser querido sin dolor

¿Cómo recordar a un ser querido sin dolor?

Esta es una pregunta que me plantean muchas veces mis clientes en las sesiones de coaching y de terapia de gestión emocional.

Esta pregunta la hacen cuando éstas personas están pasando por ese trance o es muy reciente. En un periodo de tiempo en el que cuesta superar la pérdida de una persona querida.

La pérdida de alguien querido actúa sobre nuestro estado emocional como un golpe de maza y ese dolor dura mucho tiempo. Hay personas que en un periodo de tiempo más o menos largo, aceptan esa muerte y la superan. Recordamos a la persona con una mezcla de pena, ansiedad y de nostalgia por los buenos recuerdos compartidos.

Otras personas en cambio, no aceptan el hecho del fallecimiento de la persona. Esa emoción y los sentimientos que ello conlleva, conducen a un estado de negación, de aislamiento y de ansiedad que les impide fluir, descansar, vivir el presente. Y esto sucede porque no saben como levantar el ancla de dolor y duelo, que los retiene en el pasado.

La verdad que la respuesta  a la pregunta que los clientes me plantean, no está en mí. Es algo que siempre digo. La respuesta está en el interior de cada persona. Justo ahí está la voluntad y el compromiso de querer salir de este mal momento que hace mella en ellos. Esta mella cada vez es más grande porque no logran por sus propios medios salir de ese laberinto de malestar interno. Un malestar que aparece por la muerte de ese ser tan querido por ellos.

Diferentes maneras de recordar una pérdida

Para recordar a las personas que amamos y que fallecieron, existen en diferentes partes del mundo, unas fechas concretas para honrar este recuerdo. Por ejemplo, en España está el Día de Todos los Santos.

El Día de Todos los Santos es una fecha que está muy presente en todos los hogares y que la celebran una inmensa mayoría de famílias. Ese día por la mañana se acude al cementerio a hacer una entrega floral en el lugar donde está enterrada la persona. Es una fecha a la que las familias asocian a una gran carga de tristeza ya que nada invita a lo contrario.

 

La celebración del Día de los Difuntos en México

Cómo preparar emocionalmente la vuelta al cole

Cómo preparar emocionalmente la vuelta al cole

¿Cómo preparar emocionalmente la vuelta al cole? Si, llego septiembre y con él, la mayoría de las personas volvemos a intentar tomar las riendas de la rutina diaria.

Parece mentira pero, esos quince días o ese mes de vacaciones laborales que tanto nos merecemos, nos hace olvidar el ritmo frenético que tenemos durante el resto del año. Y eso, es muy buena señal. Señal de que se ha descansado, de que hemos tenido tiempo para nosotros y para nuestra familia.

 

¿A ti te han ido así las vacaciones?

Espero que sí y que las hayas disfrutado un montón, que te hayas traído a casa una tonelada de positividad. También que hayas podido grabar en tu mente grandes momentos vividos con tus hijos y con tu pareja. Ya que ahora te tienes que preparar emocionalmente la vuelta al cole porque … ya está aquí, a la vuelta de la esquina. Quedan escasos días para el inicio del curso escolar.

Se acabaron las largas vacaciones de nuestros hijos. Largas para nosotros los adultos que tenemos que hacer encajes de bolillos o mil y una filigrana para combinar trabajo fuera y dentro de casa mientras nuestros hijos están con todo el tiempo del mundo a su entera disposición.

 

Tal vez sea tu caso, ¡o no!

No se si es tu caso, pero muchas personas me han comentado estos últimos días que han hablado con sus hijos para empezar a prepararlos para la vuelta al cole y ellos no les han hecho caso a sus padres. Como si eso de la vuelta al cole no fuera con ellos o como si a la época de verano escolar le quedara como poco, otro mes más.

Entonces no hay un problema, no. Hay dos. Uno, aterrizar del todo tu mente y cuerpo tras tus maravillosas vacaciones. Organizar más o menos tu casa y conectar de nuevo con la agenda para ver pagos, citas pendientes y prepararte para el reencuentro con tu puesto de trabajo. ¡Ahí es nada!

Pero como te comentaba, ese es el primer problema. El segundo es lograr que tus hijos también aterricen y entiendan que en pocos días vuelven a la escuela, a ver a sus compañeros y a sus profesores. Dejo de lado las actividades extraescolares, ya que éstas, ya entran en el pack de la rutina escolar.

 

La importancia de preparar emocionalmente a tu hijo para la vuelta al cole

 

Permíteme darte unos consejos para ayudarte a que consigas hacer entender a tus hijos con mucho cariño y amor que hay que irse preparando con horarios y distintas rutinas porque en 3, 2, 1 … empieza el cole. Espero que los consejos que te doy en este vídeo te sirvan y ayuden a que la vuelta al cole de tus hijos sea más fácil.

 

Si quieres comenta justo debajo de este artículo lo que desees. Y si tienes cualquier pregunta, házmelo saber.

Aprender a gestionar el miedo

Aprender a gestionar el miedo

Necesitas aprender a gestionar el miedo

El hecho de aprender a gestionar nuestras emociones es de vital importancia. Una de las emociones más importantes que una persona ha de aprender a gestionar es el miedo. Aprender a gestionar el miedo ayuda a que éste no se adueñe de ti ni que crezca o que se convierta en pánico y en un continuo sin vivir. Ayuda a impedir que el miedo se adueñe de tu vida.

El miedo es una de las emociones más primitivas que siempre ha tenido el ser humano. Básicamente, el miedo es un estado de alerta: En épocas de nuestros primitivos antepasados, los Austrolopithecus, homínidos nómadas el miedo era el aviso, la alerta, la señal de que algo no iba bien. Un buen ejemplo de ello es que, cuando un animal se acercaba para atacar a los más indefensos del grupo, los más experimentados notaban que algo sucedía. La alerta del miedo saltaba dentro de ellos y mediante señales o una especie de gritos, se llamaban unos a otros para reunirse y evitar ser atacados.

Pero desde ese entonces hasta ahora, la evolución o involución (eso ya lo valorarás tú) de esta emoción básica  ha sido enorme. Y, mucho más, desde el momento en el que se tiene conocimiento de que el hombre empezará a utilizar el lenguaje, hace ya 1,7 millones de años, sin dejar atrás dibujos y pinturas que eran otra forma de expresión.

Son cambios que afectan a cada persona de manera diferente como lo pueden hacer los cambios de ciclo de la Luna, que también afectan a las personas,  a todos y cada uno de los seres vivos animales o plantas, a la tierra y por supuesto al mar.

 

 

El hecho de aprender a gestionar nuestras emociones es de vital importancia. Una de las emociones más importantes que una persona ha de aprender a gestionar es el miedo.

 

 

¿Cómo aparece el miedo ?

Un proverbio japonés que me impactó hace algunos años y que tengo presente dice: «el miedo puede ser tan profundo como lo permita tu mente«.

Y es totalmente cierto. El miedo, es una emoción no racional, sino instintiva. Se puede apoderar de nosotros, si no le ponemos límites, si dejamos la puerta abierta para que pueda entrar sin problema alguno. Pasar de la manera más cómoda y que llegue a nuestro interior más profundo. A nuestra mente y a nuestro centro de bienestar, a nuestras emociones. No olvides que somos emocionales.

Otras emociones de las mismas características, es decir, emociones no racionales o básicas son por ejemplo: la ira, la tristeza, la alegría, el asco y la sorpresa.

 

Tienes que decir adiós al miedo

Pero volviendo al tema al que hoy dedico este post, quiero decirte que tienes que decir adiós al miedo. Nos tensamos siempre que lo tenemos presente y eso sucede, demasiado a menudo.

No se si lo sabes pero el miedo actúa en nuestro interior como una alarma de seguridad. Y esta alarma «se enciende» mediante estímulos que son provocados por hormonas. Estos estímulos son muchos y al saltar la alarma se mueven todos a la vez y en décimas de segundo.

Te pongo un ejemplo para que lo puedas ver más visualmente. Imagina que vas por la calle tranquilamente y alguien te intenta robar. Te sorprendes, te asustas. Desde ahí, en ese punto, el inconsciente encuentra dos salidas libres de pensamiento consciente o de racionalidad. ¿Qué salidas pueden ser? Huir o enfrentarse al ladrón. No hay más, es un A o B.

Tras esa elección sin planteamiento, escojas una u otra, aparecen las expectativas o deseos ante lo que hayas escogido. Si tu elección es huir, esperas con miedo a que no te alcance ese ladrón. Como ves aquí solo decides tu. No hay ningún tipo de condición ni presión externa. Es decir, nadie más te dice que has de hacer. Ni siquiera el ladrón influye en la decisión de que el miedo nos haga huir o enfrentarnos a él,

Lo que te quiero decir, en resumen con este ejemplo es que la única persona que tiene control con tus miedos, eres tú.

El miedo es la base de otras emociones, llamadas emociones secundarias. Algunas de ellas pueden ser el estrés, la ansiedad o la depresión.

 

¿Cuáles son los miedos más comunes?

El miedo a perder el puesto de trabajo, a no encontrarlo, a que te deje tu pareja, miedo a la soledad. Quizá este último se tenga porque no se entienda bien el concepto de soledad o se confunda con otros términos, porque este miedo está relacionado con la ausencia de alguien, pero ¿de qué forma? ¿Cuando existe realmente la ausencia? Creo que esto lo dejaré para un próximo artículo porque el tema es realmente interesante.

 

¿Dónde ataca el miedo?

El miedo afecta directamente a la salud, tanto la emocional como la física. Como antes te mencionaba, estar en este estado de alerta de manera prolongada en el tiempo puede provocar otras emociones como el estrés. Si éste se prolonga en el tiempo, se convierte en estrés crónico.

Tanto el miedo como el estrés crónico afectan directamente a una parte realmente sensible de nuestro cuerpo, las amígdalas.Y al tener una gran presión debida a este malestar, las amigdalas alteran los ciclos normales dee nuestro cuerpo y hacen que suba la presión arterial, la tensión muscular o una subida de glucosa, por ponerte algunos ejemplos.

Así que ya ves la importancia que tiene aprender a gestionar el miedo. No quiero asustarte, sino que te des cuenta de que si no controlas esta emoción, ella se puede adueñar de ti y crearte un malestar mayor.

 

El miedo afecta directamente a la salud, tanto la emocional como la física. Como antes te mencionaba, estar en este estado de alerta de manera prolongada en el tiempo puede provocar otras emociones como el estrés. Si éste se prolonga en el tiempo, se convierte en estrés crónico.

 

 

¿Qué tipos de miedos existen?

Todos nacen de nuestro interior, aunque muchos de ellos los habrás creado con el tiempo. Nuestras vivencias marcan nuestros miedos sin lugar a dudas. Aquí el dicho «Cada persona es un mundo» lo podríamos ampliar y decir: «cada persona es un mundo y cada mundo está habitado por miedos muy distintos».

Parece increíble como frases que son consejos dados con cariño por personas de nuestro entorno familiar o social más cercanos, pueden llegar a condicionar tanto y a crear un eco en nuestro interior que se repita tan incesantemente, llegando al punto de que creamos que va a ser cierto aquello que nos han dicho, que va a pasar.

Imagina que estás en un trabajo y que cada vez te sientes peor en él porque el trato cada vez es más malo, porque tus compañeros se comportan como si fueran extraños o cualquier situación parecida. Tu estás ahí porque tienes hipoteca y no sabes hacia donde tirar. Pero además, te encuentras con otro tema que añade más nerviosismo y miedo a esta gran preocupación tuya. Si, tu familia o tus amigos te dicen: «cuida el trabajo, que no puedes perderlo», «da igual que no estés bien, no vas a encontrar nada». Así, es inviable pararse a pensar en otras opciones. Porque lo único que ves es que no sirves para hacer otra cosa, no la mereces o has de aguantar si o si, aunque tu cada vez estés peor. Se unen el miedo con la impotencia y con la falta de estima. Todo ello junto es, una bomba emocional a punto de estallar.

 

¿Qué puedes hacer para evitar que el miedo te controle?

Quizás crear que no puedes hacer nada para evitarlo pero no el así. El hecho de aprender a gestionar el miedo es más que posible. Solo has de tener voluntad y compromiso para paso a paso. No lo vas a poder eliminar de tu vida pero si coges las riendas para tenerlo controlado.

Te voy a dar algunos trucos para que puedas empezar el camino para dominar tus miedos.

En primer lugar, algo sencillo. Puedes hacer una lista y escribir en ella, de 7 a 10 cosas que te den miedo o también, situaciones en las que te ves pasando miedo. Piénsalo y escríbelas.

Después, en esta lista, escribe al lado una puntuación de 4 a 10, teniendo en cuenta, que 1 es tener poco miedo y 10, miedo o incluso en este nivel, podríamos decir pánico.

Tras puntuar, ahora has de tener presente aquella que menos miedo te dan porque te será más fácil controlarla.

Ejemplos de miedos por si ahora no se te ocurre ninguno: miedo a los aviones, a conducir, a equivocarte, a que te miren mal, a que no te quieran, a ser madre …

Ahora, con esta información, tienes que hacer el segundo ejercicio.

Imagina que lo que menos miedo te da (sabiendo que todo te da miedo) es el miedo a los aviones. Pues, si tienes un viaje en avión, una o dos semanas antes, mira de decirte a diario un mensaje positivo para que te ayude a superar ese miedo. Por ejemplo: «Yo se que los aviones son seguros mucho más que otros medios de transporte y ahora que en unos días iré en avión, iré plenamente confiada en que todo irá bien». Este mensaje lo repites de 5 a 10 veces al día y si puedes, dilo delante de un espejo. Esta es una sencilla forma de trabajar emoción y mentalidad positiva para tener dominado el miedo.

Y esta técnica, utilízala para empezar a crear más confianza y seguridad en tí.

Si tienes cualquier consulta para aclarar dudas, escríbeme un correo o dímelo en comentarios.

 

Somos emocionales

Somos emocionales

Tal cual. Somos emocionales. Y es que somos más lo que sentimos, que aquello que pensamos. Más que los pensamientos, en nosotros como personas, existe algo con más peso, con más importancia. El resultado de la suma de las emociones y de los sentimientos. De ahí, la importancia de las emociones.

Si bien es cierto que la parte racional, esa parte que diferencia (en principio) el ser humano del resto de animales; quizás esto se tenga demasiado en cuenta para dejar de plantearse algo que quizás asuste plantearse y es que somos más seres emocionales que racionales.

Siempre estamos con un contínuo rum-rum en la cabeza que produce pensamientos, cálculos, indagaciones. Intentamos buscar en nuestra mente la manera de encontrar soluciones a los distintos problemas, ante diferentes pruebas que cada día la vida nos va plantando justo delante de nuestros ojos. ¿No te resulta agotador? El fondo de todo es que actuamos en cada una de estas situaciones en base al estado emocional en el que nos encontremos en ese preciso momento. Pero no nos detenemos a pensar, qué resultado tendremos al realizar estas acciones que salen directamente desde nuestra cabecita. Y todo por «estar bien y ser felices siempre».

 

 

Ni más ni menos. Deseamos y ansiamos ser felices y no solemos darnos cuenta de que la felicidad no dura toda la vida, ni años enteros, ni meses. La felicidad amiga mía, dura ratos y eso si suele suceder en cualquier momento de tu vida. Y seguramente lo sabes como sabes la importancia de las emociones en los seres humanos. Pero igualmente vas a por ello, a intentar estar siempre feliz porque crees que tu amiga, que tu hermano, que el vecino del 5º es feliz siempre, todos y cada uno de sus días … y tu no. ¡Ay, ay, ay! Aquí ya sale uno de los grandes males para tu autoestima, el creer que eres menos que los demás.

¿De verdad lo crees? Si es así es porque sabes perfectamente como viven esas personas con quienes tanto te comparas. Debes tener una cámara que está escondida en sus casas y desde ahí, como si fuera una cámara vigila bebés, puedes ver cada movimiento y cada expresión que sus caras y cuerpos denotan y todos, son de alegría, buen rollo y felicidad.

¡Vamos! Quítate ese pensamiento de la cabeza, que ni es cierto y tampoco te hace ningún bien. Somos emocionales, si. Pero tenemos que trabajar nuestras emociones y evitar todas aquellas, que lo único que traen a nuestra vida es toxicidad. La importancia de las emociones consiste en descargarte de esa negatividad que amasas día a día y que pones con tus propias manos en la mochila de tu vida.

Desde luego que con esta manera de perseguir lo perecedero, creyendo que es perenne, que los demás tienen algo que tu no tienes y sin darte cuenta de que es algo efímero que se va igual que viene y que no se tiene, ni se obtiene. Nada de eso, sino que se disfruta cuando sucede.

¿Pero que pasa? Vas pasando la vida, persiguiendo un algo que ha de tener una sonrisa de oreja a oreja pero que no lo ves. Un malestar terrible se adueña de ti, creándote nervios, ansiedad, tristeza, un odio infundado hacia otras personas porque crees que ellos tienen «Tú tesoro». Cuando has de entender que el tesoro al que llamas felicidad está en ti.

 

No vemos cuando nos dominan las emociones negativas

 

Creas una capa delante de tus ojos y fabricas una venda tupida y opaca sin darte cuenta. Me explico un poco más por si aún no ves lo que te quiero decir.

Respira hondo y párate a pensar (ahora si toca pensar) en un momento de tu vida en el que te hayas sentido feliz. Solo uno, aunque sé de sobras que son muchos más. Son como poco decenas y decenas de ellos. Pero, dejemos esos a un lado y céntrate en un momento de tu vida en el que te hayas sentido feliz. ¿Lo has pensado? ¿Lo has encontrado? Ahora cuéntame en comentarios como te sentiste, que te aportó y qué te produce a nivel emocional tener ahora ese recuerdo.

También espero que me digas si te apetece que te ha parecido este post que, ¡con toda seguridad, va a tener una segunda parte!

No eres menos que nadie

No eres menos que nadie

¿Te suenan de algo estas palabras? «No eres menos que nadie«

¿Cuántas veces has escuchado esta frase?¿Cuántas te has dicho: «si es verdad, yo valgo mucho» y luego te has seguido sintiendo igual de mal?

Y ¿qué numero de veces no has creído a una persona que te ha halagado porque te crees que lo dice por cumplir?

¿Cuál ha sido el resultado?

Seguro que has dicho «muchas» a una o incluso a todas las preguntas que te acabo de hacer. Y, no es que sea adivina, sino que a mí también me ha pasado en muchos momentos de mi vida.

Se me cansaron los oídos de escuchar «no eres menos que nadie»

Incluso intenté por activa y por pasiva que se quedara grabada esta frase en mi cabeza: «Vale, que no soy menos que nadie». Las palabras tal como entraban en un oído salían por el otro sin hacer efecto alguno en mi estado emocional y tampoco en mi mente.

Al entrar parecía que se iban a quedar conmigo pero solo conseguía que el eco resonara en mí durante unos pocos segundos. Después vuelta a empezar.

Y también en esos momentos intenté dar respuesta a cada uno de estos interrogantes, cosa que no es nada fácil si el nivel de confianza y de autoestima está pasando por horas bajas.

Recuerdo cuando me decía una y otra vez a mí misma que no podía continuar así, que iba a poner remedio, fin a este malestar y que esta vez iba a ser la definitiva. Lo decía. Pero se quedaba en poco más que eso. Durante un día o dos conseguía convencerme de que no era menos que nadie pero sin base alguna. Volvía a caer porque una casa sin cimientos no se aguanta. Intentar algo sin una base, sin crear un hábito, no resiste un golpe de aire inesperado.

¿Por qué tenemos la creencia de que somos menos que los demás?

Porque cuando vivimos malas épocas por situaciones que nos hacen sentir dolor, soledad, decaimiento todo se vuelve negativo. Lo peor es cuando esta negatividad se vuelve crónica y se alimenta de nosotros durante meses o años.

Esto es muy peligroso, además claro está de ser doloroso para nuestra salud física y emocional. No queremos ser conscientes de ello o no queremos hacer caso a como nos estamos sintiendo.

Dejamos que suceda, tapamos nuestro espejo para no vernos y mientras, miramos al exterior para no pensar. Pero es auto engañarse. Porque si pensamos y es entonces cuando aparece la comparación, cuando crees que los demás son mejores que tu. Esto también forma parte de tu auto engaño. No eres menos que nadie.

Una de las maneras que encontramos para sentirnos mejor es reconfortar a los demás

Si, es curioso pero es así. Nos resulta más fácil cuidar y ayudar a las personas que queremos cuando nos dejamos de cuidar nosotros. Gran error. Si nosotros no ponemos herramientas para lograr nuestro bienestar, difícilmente seremos capaces de ayudar a las personas que más queremos y apreciamos. No será porque no lo podamos hacer sino porque en lugar de ayudarlos desde nuestra calma lo haremos desde nuestro nerviosismo, ansiedad como obligación y preocupación. Lo haremos para dejar atrás lo que realmente es necesario ocuparnos, de nosotros. Tenemos tendencia a dejarnos para el final de cosas a mejorar, de nuestra lista de cosas por hacer de nuestra propia vida. Y esa lista, se vuelve eterna, y nuestro inicio de cambios para encontrarnos emocionalmente mejor, también.

No eres menos que nadie

 
¿Qué ves en esta imagen?

Esta imagen habla por sí misma y cada uno de nosotros le dará un significado. Uno de ellos puede ser que te sientas perdido en medio del mar, que no veas a tu alrededor ni un ápice de tierra al que dirigirte. Estás solo y no quieres gritar ni hacerte escuchar para no molestar con tus problemas a nadie. Sabes que necesitas un lugar donde poder descansar, relajarte y pensar en ti y en poner las piezas del rompecabezas de tu vida para volver a construir todo lo que el tiempo y las circunstancias han derribado.

Las respuestas no aparecen solas 

No hay respuesta que aparezca ni emoción que cambie por si misma como si fuera algo milagroso. Los milagros no existen y en cambio si existen los magos y con ellos, la magia.

Pero esta magia es un arte y como todo arte es algo que se crea con trabajo, ilusión, con días buenos y otros en los que parece que nada salga bien.

Todo trabajo sirve para crear, avanzar, para ser felices y hacer felices a los demás. Tiene su recompensa. Y el premio es comunicación, confianza y bienestar con uno mismo. Y todo ello, hace que el entorno reaccione ante nuestra manera de actuar y todo fluye.

A veces nos faltan respuestas y otras preguntas adecuadas pero lo que siempre nos hace falta son la fuerza de voluntad y el compromiso. Nos quedamos en el intento y en el deseo de llegar a cumplir con nuestro sueño.

Nadie es menos ni más que nadie eso quiero que lo tengas muy claro. Pero dime, a ti ¿te hacen falta respuestas, soluciones, fuerza de voluntad o hacerte las preguntas adecuadas?